El whisky no conoce fronteras, y eso es algo bueno.

El buen whisky ya no procede exclusivamente de Escocia.
Ya sea la intensidad especiada de la India, la elegancia sedosa de Japón o las sorprendentes notas ahumadas de Suecia, cada país aporta su sello distintivo a la copa.
Los ingredientes regionales, las influencias culturales y las técnicas de destilación creativas convierten al whisky de todo el mundo en una aventura para el paladar.
Quienes lo adopten descubrirán nuevos sabores, nuevas perspectivas y, tal vez, su nuevo plato favorito.
Es hora de ampliar los horizontes. Sorbo a sorbo.